Aborto sí o no: aprender a polemizar

Aborto sí o no: aprender a polemizar
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La cuestión es el alma. ¿Somos más que cuerpo? Para la tradición clásica de la filosofía, el cuerpo es solamente un efímero contenedor de una esencia espiritual; el alma que nos constituye, que es eterna y también invulnerable. De esta forma, el nacimiento es la encarnación de un alma que habita un universo etéreo y perfecto donde coexisten todas las almas que son innumerables, la “Confederación de las Almas”, diría Antonio Tabucchi en Sostiene Pereira.

Una persona por nacer sería, entonces, un alma encarnada. Así, la interrupción de un embarazo interrumpiría la gestación del cuerpo, pero no del alma que -alada- retornaría al paraíso de la Confederación donde no existe la muerte.

Pero aquí no se trata de metafísica poética sino de política sanitaria. Y ese es el debate y lo que arde en el Parlamento y en la calle.

La controversia es profunda y es una inmensa posibilidad para aprender a polemizar.

Es también una puerta abierta hacia la finalización del drama de quienes enfrentan un castigo policíaco y jurásico por detener un embarazo.

La imposición siempre retrasa

a sociedad entera es un cuerpo que a veces se aborta a sí misma como comunidad y se rasga en enfrentamientos que impiden la convivencia en la diversidad y proponen el dominio de una facción de opinión por sobre el resto a las que se desprecia y oprime.

Las posiciones reaccionarias no necesariamente lo son por lo que piensan, sino por cómo imponen lo que piensan. Verde o celeste, la imposición siempre es retrógrada, aunque se vista de revolución.


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