Informe vitivinícola: Discusión de modelos

viernes, 06 de septiembre de 2019 · 07:00

Por Marcelo López

La vitivinicultura está sumergida en un problema grave de difícil solución. La crisis parece no tener piso, cada semana alguna noticia potencia más el descenso a un infierno poblado de personas y personajes sin demasiada empatía por el futuro que conviven con otros que pretenden por lo menos salvar la ropa

El Gobierno provincial finalmente- al igual que en Vendimia salió a comprar uva- previniendo complicaciones sociales de mayor magnitud debió salir a comprar ahora vino tinto genérico en $11 durante seis meses en cupos de 15 a 20 millones de litros mensuales.

Venimos advirtiendo en base a datos oficiales del sector que la situación de los productores era insostenible y la venta de los vinos por debajo del costo llevaba a la quiebra inexorable. La estrategia de la Provincia es levantar el precio en todos los ítems; blancos, rosados y varietales. La forma en que está diseñado el operativo deja algunas dudas del éxito final, pero se sabrá en un tiempo.

Como también lo adelantamos infinidad de veces en esta columna el boom exportador llegaría rápido a su fin cuando se empezaran a comparar los meses post devaluación 2018 con los de 2019 y efectivamente pasó. Las exportaciones de agosto de vinos fraccionados bajaron algo más de tres puntos y las de vinos a granel que eran las estrellas cayeron más de 25 puntos.

La nueva devaluación quizás devuelva algo de esperanza, pero es difícil continuar con el crecimiento si no se estabilizan las condiciones macroeconómicas que permitan crecer y realmente buscar nuevos mercados, además fijar políticas claras para la industria que en Argentina tiene particularidades que solo pueden compararse en algo con Francia, España e Italia por capilaridad en el territorio pero aquí con un impacto socio económico mucho más grande y extendido.

A pesar de la crisis (o ¿por la crisis?) el debate dentro de la industria está muy fuerte y cada vez más interesante. La discusión pasa fundamentalmente hacia que modelo avanzar, un modelo de achique y concentración con la mayoría de la producción centrada en la exportación al estilo chileno, o un modelo más ceñido a la tradición argentina con fuerte impronta del mercado interno, alta dispersión de unidades productivas, fuerte arraigo socio económico en el desarrollo de pequeños productores y asociativismo.

Los nombres de los jugadores de cada lado aparecen bien definidos y muchas veces se alinean con un patrón claro de procedencia de la inversión y hasta de formulación ideológica. El tema es que para ambos modelos, si se impusiera uno sobre el otro, es necesaria una fuerte presencia del Estado tanto nacional como provinciales y eso por ahora no aparece. El problema es que la vitivinicultura tuvo un desarrollo institucional tan fuerte que en muchos casos termina reemplazando al Estado en la fijación de políticas y objetivos, pero cuando entra en crisis la macroeconomía o se discute el modelo final no tiene la capacidad para autogestionarse por la enorme cantidad de implicancias que tiene y allí si se necesita de la presencia del Estado hoy casi ausente.

Si el modelo que se termina consolidad con el tiempo es del achicamiento y concentración definitivamente el estado será necesario para acompañar o asistir a los productores pequeños y medianos que queden fuera del sistema, además de generar las políticas necesarias para tener condiciones de competitividad exportadora.

Si se impone un modelo más argentino también será necesario un estado fuerte y presente para acompañar a los productores y establecer reglas de juego claras en el mercado.

El debate esta en marcha y la discusión del Plan Estratégico de cara al 2030 puede ser una oportunidad invalorable para saldarlo.