Contra la verticalidad

En una sociedad en la que se exige cada vez más participación, las prácticas de inteligencia colectiva pueden ayudarnos a mejorar la horizontalidad de nuestras organizaciones.
martes, 21 de enero de 2020 · 07:09

*Por Bruno Casabona

En una sociedad en la que se exige cada vez más participación, las prácticas de inteligencia colectiva pueden ayudarnos a mejorar la horizontalidad de nuestras organizaciones.

 

¿Qué es la inteligencia colectiva?

La inteligencia colectiva está constituida por todas las prácticas que una comunidad, o grupo de personas, realice con el fin de crear conocimientos y herramientas aplicables a sus intereses comunes; concretamente, para solucionar un problema o mejorar un proceso.

Esto se debe a que los conocimientos que de cada individuo tiene de su entorno son limitados, y por ende insuficientes para solucionar problemáticas complejas. Es por ello que a través de la colaboración con otros miembros del grupo se puede abordar una misma pregunta desde diversos puntos de vista.

Estas prácticas, asimismo, están estrechamente relacionadas con la autogestión, ya que son los mismos miembros quienes se organizan sin necesidad de recurrir a estructuras organizativas clásicas ni jerárquicas.

 

La puesta en práctica de Colectiv-a

Melanie es una integrante de Colectiv-a, que es un colectivo que se encarga de acompañar a organizaciones que se interesan por desarrollar estructuras horizontales y participativas. Ella me remarca - durante nuestra conversación - que la organización del grupo es una de las claves más importantes para que su trabajo funcione correctamente.

Todo comienza con un grupo de estudiantes de una universidad cercana a Bruselas (Louvain la neuve) quienes establecieron un colectivo de militancia activa llamado ADES. Estos encuentros, que cada vez eran más fluidos, permitieron a sus integrantes aprender a organizarse de forma inclusiva y participativa.

De a poco otras personas empezaron a saber de ellos, y así, sin darse cuenta, empezaron a trabajar con distintas organizaciones que se interesaban por las mismas prácticas - comenta Melanie -. Fue ahí cuando empezaron a desarrollar mecanismos que facilitaban la difusión de estas ideas y, sobre todo, que permitían a sus clientes empezar a pensar de la misma manera.

Esta pequeña historia es un ejemplo para entender cómo se pueden formar equipos de trabajo que desde sus origines presentan signos de horizontalidad y participación, y, consecuentemente, crecen en forma orgánica.

Es así como hoy Colectiv-a acompaña y asesora a todo tipo de organizaciones, desde agrupaciones civiles, hasta mutuales, pasando por cooperativas y organismos gubernamentales. También organizan reuniones informativas y a la gorra; se llaman PIC (prácticas de inteligencia colectiva), y su intención es acercarle al público ideas de autogestión y autonomía a través del marco teórico de la sociocracia.

 

¿Cómo es una PIC?

A pesar de haber tenido mi primer contacto telefónico con Melanie, ella no pudo formar parte de este encuentro, por lo que David es hoy el moderador. Me acerco a la mesa donde están los snack y comienzo a hablar con los otros participantes. No estoy seguro pero debemos ser cerca de treinta, y puedo ver gente tanto en sus veintes como otros en sus sesentas.

Después de charlar un poco entre nosotros, David nos invita a sentarnos en círculo, pero él no se sienta en el medio, sino que también forma parte de la ronda. Nos propone que junto a nuestros vecinos, charlemos sobre qué es lo que cada uno entiende por inteligencia colectiva y sociocracia.

Luego, nos dice que reteniendo un concepto o palabra de esa conversación nos acerquemos a hablar con otro compañero, y luego con otro. Al final, ya no sé de dónde viene cada idea pero siento que entendí mejor de qué se trata la sociocracia.

Para agregar un marco teórico a este conjunto de ideas, David nos hace dividirnos en cuatro grupos. Cada uno de los grupos debe analizar un texto, que va desde los fundamentos de la sociocracia hasta artículos periodísticos. Luego de debatir entre los miembros del grupo, debemos graficar en una pizarra que es lo que hemos entendido, y esos diagramas se comparten con los miembros de los otros grupos.

Finalmente, David nos pide que volvamos a armar una ronda pero esta vez hay 4 sillas en el medio. Nuestro mediador elige a 4 personas para que constituyan la mesa de directores, que estará compuesta por accionistas, CEO, etc.

Luego, nos divide en 4 grupos e invita a que cada uno elija a un representante, guiando a esa persona hacia el centro. Entonces con una sonrisa nos comenta que esa es la verdadera intención de la sociocracia: formar organizaciones más horizontales donde las voces de sus integrantes tengan oportunidad de ser oídas.

 

¿Por qué la sociocracia?

La sociocracia consiste en una estructura organizativa que se establece en círculos semi autónomos ya que son responsables de ejecutar, medir y controlar sus propios procesos. En el ejemplo que proponía David anteriormente, cada uno de esos 4 grupos podría representar al órgano administrativo, de producción, etc.

En cuanto a la selección del representante, el proceso es un tanto particular ya que cualquier integrante puede proponer a un compañero, o a él mismo, como candidato. De hecho esta decisión, como las que se tomen posteriormente, deben contar con absoluto consentimiento - por lo general derivado de una serie de exposiciones de opiniones y justificación de cada uno de los integrantes (con sus pertinentes contraposiciones) -.

 

El caso de Bees Coop

Siguiendo algunas ideas de inteligencia colectiva, uno de los proyectos super interesantes con los que los chicos de Colectiv-a han trabajado es el supermercado Bees Coop. En este supermercado podemos encontrar todo lo que necesitamos para nuestra casa (como en cualquier otro en verdad), pero la diferencia fundamental está en que en este no hay empleados, sino colaboradores.

Bees quiere decir Bruxelloise (de Bruselas), ecológico, económico y social. Esto significa que la mayoría de sus productos son locales, orgánico y por los cuales se retribuye correctamente a su productor.

Pero ahí no termina el proyecto, ya que se trata de una cooperativa donde clientes y trabajadores se mezclan para asegurarse de que el sistema funcione perfectamente. Es que una de las condiciones (no es obligatoria ya que hay distintos tipos de membresías) consiste en que los clientes estén dispuestos a trabajar 2:45hs cada 4 semanas en el supermercado.

Es por ello que cuando uno entra al supermercado, no es extraño ver a quien está acomodando los productos en las góndolas charlar con un cliente, que le ayuda a barrer un poquito de cereal que se le cayó al piso; o un cliente en la fila que le explica como tickear un producto a un cajero, que está allí por primera vez.

Es llamativo pensar en estas tendencias que se dan cada vez más en las grandes ciudades, y que parecen ocultas para quienes venimos de ciudades más chicas, porque nos las tapan los enormes capas de concreto. Por suerte, todavía hay mucha gente que busca calidad de vida en las cosas más sencillas, como en la frescura de los alimentos que consumen o el sentido de pertenencia a una pequeña comunidad; incluso en una comunidad de consumidores, pero RESPONSABLES.

 

De origen local con potencia internacional

Melanie me comentaba también, la importancia del intercambio de experiencias entre todas las organizaciones que aplican estas ideas y que van creando distintos proyectos. En este sentido, los chicos del colectivo están en constante exploración, descubriendo proyectos, líderes y nuevas técnicas de inteligencia colectiva por todo el mundo.

La clave es brindar las herramientas necesarias para que las organizaciones puedan emanciparse de un sistema liberal y extremadamente vil, y que puedan de alguna forma ser más autónomos - agregaba Melanie.

Pero para ello es necesario un cambio de mentalidad; es necesario que la gente se agrupe e intente luchar contra ese individualismo devenido en soledad, que propone el sistema consumista en el que vivimos hoy.

Valorar noticia