Panorama vitivinícola: Las revoluciones no se anuncian, se hacen

viernes, 5 de junio de 2020 · 07:54

por Marcelo López especial para MendoVoz

¿Hacia dónde va el mercado? ¿Qué debe hacer la vitivinicultura argentina? ¿Debe cambiar profundamente o retocar algunos aspectos? ¿Crecerá el consumo de vino? ¿El consumidor quiere vino?

Estos son algunos de los tantos interrogantes que productores y bodegueros se formulan cada día y desvelan sus noches en medio de esta pandemia. No son los únicos porque el mundo vitivinícola se formula las mismas preguntas y traza escenarios para los próximos años mientras trata de develar quienes serán los grandes actores en los tiempos que vienen.

El último estudio en profundidad del mercado del vino argentino data de 2015 realizado por el consultor Guillermo Oliveto y ante la inminencia de definiciones en la discusión del nuevo Plan Estratégico desde la COVIAR se le encargó un nuevo y riguroso trabajo que se presentó el lunes ante un nutridísimo grupo de actores del sector compuesto por bodegueros, productores, comercializadores, cámaras, entidades y funcionarios.

Tan profundo es el trabajo que la exposición vía Zoom duró tres horas y aun así al momento de apagar las computadoras quedaban cosas por analizar. Hay un acuerdo de confidencialidad entre los hacedores del estudio y la Corporación Vitivinícola que se les recordó a los presentes en el Zoom, el trabajo que tiene numerosas páginas, cuadros y apartados, contiene demasiada información sensible de cuáles pueden ser los caminos para el “nuevo tiempo del vino”.

Sin embargo, esta columna pudo acceder a algunas precisiones de temas que surgen rápidamente en el trabajo que contiene entre otras cosas un apartado con textuales de los consumidores.

La profundidad del estudio revela algo que hace mucho tiempo venimos sosteniendo un grupo de personas vinculadas de una u otra manera a la actividad; la propia industria alejó a los consumidores del vino con un modelo donde para tomarlo había que pedir permiso a un Olimpo inclasificable. No se podía tomar frío, no se podía tomar con soda, no se podía tomar en cartón, no se podía tomar en short y ojotas, no se podía comer un asado con vino blanco, el vino rosado no es de hombres, las mujeres no toman vino, solo son seducidas por hombres que toman vino, tenés que estar de saco, sino tiene corcho no es bueno… Todo era por la negativa. El bombardeo hizo efecto y el público masivo abandonó la industria.

¿Lo que viene? Una revolución. La parte buena del estudio es que el consumidor no se olvidó del vino sino que lo sigue teniendo presente. Más del 69% de los encuestados asegura tomar vino, claro que la gran mayoría es casos aislados. Porque decimos que viene una revolución porque la industria deberá pensar en los nuevos consumidores. También queda claro que el mercado del vino se avejento y se fidelizó -lo que está, está- pero los nuevos consumidores no entrarán de lleno mientras la ecuación sea botella, corcho, Malbec, grado alcohólico alto, difícil de tomar.

El desafío del futuro parece ser no tanto de marketing sino de producto, de renovar el vino para los nuevos consumidores. Las revoluciones no se anuncian, se hacen.