Hugo Moreno: la vida misma hecha musical

Referente indiscutido del género, el artista cumple un rol central en uno de los éxitos de esta temporada: “El Roble Mágico” en el teatro Plaza.

Por Redacción MendoVoz
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Las luces se apagan y él, se queda inmóvil, esperando la señal interior que lo iluminará para concretar otra inolvidable función. Unos 15 minutos antes, había apuntado al elenco en sus posiciones, había retocado el doblez de un traje en camarines, acomodado la utilería y había saludado a los acomodadores del teatro.

Siempre con una sonrisa amplia de satisfacción y su mirada clara de agradecimiento, cada tarde de estas vacaciones de invierno Hugo Moreno se dispone a conquistar al público infantil con “El Roble Mágico”, que ofrece funciones diarias a las 18 en el Teatro Plaza (Colón 27, Godoy Cruz).

Se trata de la cuarta temporada de esta comedia musical que no para de cautivar a chicos y grandes gracias a su mensaje de amor, de cuidado sobre el medio ambiente y de “naturalizar” la partida de un ser querido. Como “El cielo de Nany, la magia”, que va todos los días a las 16 en esa sala de Godoy Cruz, esta obra es producción de la Academia Yo Soy que dirigen Laura Fuertes, Pablo Moreno y el propio Hugo.

El artista formado en Buenos Aires y el exterior, con una profusa carrera al lado de maestros como Pepe Cibrián o compañías como Disney, que supo brillar como “rapero” junto a Caramelito, en esta entrevista hace un “stop” para repasar su vida artística, siempre vinculada a su historia familiar.

“Con Pablo y Laura formamos un atril donde pintar historias y cantarlas junto a nuestros profesores y alumnos de la Academia, así como invitamos a enormes artistas de Mendoza a sumarse porque Mendoza tiene un caudal artístico muy grande”, dice Hugo, hermano de Pablo y cuñado de Laura, este tridente que hace siete años fundó Yo Soy, escuela de comedia musical para abrir puertas a creativos sueños, como un patio de juegos para los niños y jóvenes que allí asisten, con grandes producciones para mostrar al público mendocino.

Además, Hugo Moreno es vestuarista, escenógrafo y director de las puestas que genera Yo Soy. Siempre trabajando en equipo, él confirma que su mamá fue su primer coequiper en estas aventuras escénicas. Con su ayuda, por ejemplo, logró 300 prendas confeccionadas para estas dos producciones que se lucen en el Teatro Plaza.

 

-¿Por qué elegiste el musical como forma de expresión artística?

-El musical fue una de las cosas que más me conectó con lo que yo quería hacer. No se razona, se siente. Y desde el primer momento sentí que necesitaba ser parte de la comedia musical, y transformar desde ese lugar. Fue el género que ayudó mucho a mi evolución personal. Cuando noté los resultados no lo solté más.

-¿Quiénes fueron tus maestros?

-Mi primera maestra fue mi madre que, cuando yo tenía fiebre, para que no me aburriera tejía títeres. Colgaba una cortina de cada lado del placard y me contaba historias con sus muñecos. Luego trabajé con Pepe Cibrián, Daniel Fernández... El que marcó mi vida artística fue Enrique Avelo (“Bety, la fea”) que durante tres meses de taller en Costa Rica, hace más de 20 años, revirtió todo lo que yo creía que era la actuación. Aprendí de él que para hacer un personaje tenés que autoconocerte, si no te conocés no podés entender lo que siente un personaje. También aprendí de él a corrernos el ego, me enseñó que nos convertíamos en donantes en cada función, porque nos entregamos cuerpo y alma a un personaje y le damos la posibilidad de que vivan, aunque sea por un rato.

 

-¿Cómo llegás a trabajar para los niños?

-Primero fue una casualidad. Cuando comencé con “Caramelito” fue un trabajo y después descubrí que los que actuamos para los chicos tenemos una gran responsabilidad sobre la información que les transmitimos. Es el público más auténtico, y de ahí que decidí quedarme en esa verdad. Recibir el abrazo de un niño no tiene comparación, es la verdad absoluta.

 

-Estabas construyendo una gran carrera en Buenos Aires, ¿por qué te volviste?

-Necesité volver, cerrar. (Silencio). Estaba dedicándole mucho a mi trabajo, dejando de lado a mi protagonista que es mi vida personal, mis viejos, mi sobrino. Necesitaba ese asado de los domingos. No fue fácil, pero gracias a Pablo (Moreno) y a Laura (Fuertes) pude equilibrar mis dos amores: vivir del arte, que siempre elegí, y de paso comerme unos ricos asados en familia. Hoy puedo decir que no me equivoqué.

 

-¿De dónde viene tu talento también para la creación del vestuario?

-Creo que viene de curioso nomás. Cuando trabajás para una empresa como Disney, aprendés o aprendés. Me apasiona el vestuario, la escenografía, la dirección. Tengo esa capacidad de captar lo que Laura y Pablo quieren para traerlo a la escena. Y para el vestuario necesito las manos de mi vieja que cose, y se van uniendo piezas. En base a cada personaje voy creando y así, con las manos de mi mamá, va sucediendo la magia. Compartimos noches enteras entre telas y alfileres. Desde los 14 años colecciono vestuario. Soy amigo de Gabriela Torres, costurera del teatro Colón, de ella también aprendí mucho. Me apasiona el vestuario, yo mismo me voy sorprendiendo.

 

-¿Cómo fue volver a “El Roble Mágico”, tras su estreno en 2013?

-Nunca se va “El Roble…”. Tiene un mensaje tan auténtico, tan sincero que siempre es necesario y está presente, en nosotros y en el público. Para mí en lo personal significa mucho. Me emociono en cada función. Porque el símbolo de la unión entre el teatro y la familia se llama Juan Moreno, mi sobrino, y esta obra hizo posible que uniera los dos amores porque actué con él en la primera versión.

 

-¿Y cómo es encarnar a un papá que ha muerto?

-Me encanta que el guión naturalice la muerte porque es algo natural, tenemos que aceptar que todos nacemos y todos morimos. “El Roble Mágico” nos regala la posibilidad de no dramatizar la pérdida, nos enseña a no ser egoístas en llorar por lo que estamos perdiendo y pensar en que papá o mamá están con nosotros desde alguna nube. El éxito de “El Roble…” pasa por ahí. 

 

La ficha

“El roble mágico”. Todos los días hasta el domingo 22. A las 18. Cine Teatro Plaza (Colón 27, Godoy Cruz). Entradas de $200 a $300, a la venta en boleterías del teatro o a través de Eventbrite.

 

 

El dato

Se recomienda llegar media hora antes de la función para no perderse “la previa”: intervenciones artísticas a cargo de pequeños talentos de la academia Yo Soy que anticiparán con juegos de qué va la obra.

 

Síntesis argumental

En un lejano lugar, en el patio de una casa, hace mucho tiempo, durante una tormenta, a un ángel guardián se le rompe un ala y cae en la habitación de Ana y Nacho, dos pequeños niños.

Desde ese momento tendrán que atravesar disparatadas y emotivas situaciones que harán poner a dos mundos diferentes en convivencia, donde las buenas acciones, los amigos y la imaginación serán siempre el mejor remedio para una niñez feliz, más allá de las adversidades.


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