Es recolector de basura y tiene una escuela de fútbol en su tiempo libre

Funciona en el barrio Mi Casa de El Bermejo, donde recientemente construyeron una plaza nueva.

Por Redacción MendoVoz
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Diego Medina trabaja para una empresa privada que presta el servicio de recolección de residuos en distintos departamentos, pero pese a que su empleo es sacrificado le dedica su tiempo libre a una escuela de fútbol que funciona en el barrio Mi Casa de El Bermejo.

La plaza de ese barrio fue noticia semanas atrás cuando la Comuna finalizó una obra integral por la cual se construyó el nuevo espacio verde, que incluye una cancha de fútbol.

Lo que pocos sabían es que desde hace algunos años, cuando ese predio era un baldío, Medina llevaba adelante una escuela que alberga a más de 70 chicos de todas las edades.

Sin recibir un peso y con la ayuda de unas pocas personas, el recolector de basura “entrena” a los más chicos a cambio de nada.

Fue el 13 de setiembre del 2016 cuando nació esta idea, la cual ni el propio Medina pensaba que iba a generar lo que causa por estos días.

“Fui con mi mujer, con una sapa y una pala y lo primero que hicimos fue limpiar todo el baldío. Ese lugar sólo servía para que los vecinos tiraran su basura y escombros”, explicó Diego, que hoy lidera la escuela El Ciclón –en honor a San Lorenzo, club del que es hincha-.

Con una sola pelota, empezó a recibir chicos de todas las edades para jugar al fútbol. Detrás de ese acto de generosidad, había toda una historia que motivaba la iniciativa.

“En ese entonces no podía tener hijos y le pedía todos los días a Dios que me diera una bendición. Gracias a él hoy puedo disfrutar con mi mujer de mi hija”, contó Medina.

El hombre contó que “esa buena onda se multiplicó” y cuando pocos lo esperaban, el baldío del barrio Mi Casa se transformó en un hogar para cerca de un centenar de niños y adolescentes.

Con la ayuda de la Dirección de Deportes de la Comuna y el aporte de algunos pocos negocios de la zona, Medina logró que El Ciclón tenga chicos de todas las edades.

“La realidad que viven los padres es muy dura. Ahora estamos viendo como generar algo de plata, porque se han sumado muchísimos chicos y esto solo como profe. No me interesa lo económico, a mi no me queda nada, pero a veces mi esposa me dice ‘pará un poquito’”, contó Diego, entre risas.

Es que un viejo expediente que estaba cajoneado en la Municipalidad, sobre la creación de una plaza en ese lugar, se activó este año y lo que era un baldío se transformó en un hermoso espacio verde.

Gracias al trabajo de Diego, la Comuna decidió instalar una cancha de fútbol y ahora los chicos disfrutan de una escuela de fútbol de primer nivel.

“Vamos a generar un convenio para que la escuela tenga su horario, porque hay algunos vecinos que se quejan”, contó Diego, quien aún siendo sostén de una familia y trabajando medio día, se hace su ratito para ayudar a los que menos tienen y, de paso, hacer feliz a decenas de niños.


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