Según la ciencia, viajar es bueno para el cerebro

Viajar hacia nuevos destinos es una condición primordial que despierta experiencias y emociones nuevas que modificarán nuestro cerebro.
lunes, 13 de noviembre de 2023 · 18:10

Está comprobado científicamente que viajar estimula el cerebro, lo vuelve más práctico y creativo, logrando ampliar la capacidad de comprender la realidad desde nuevas perspectivas.

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Lucía Crivelli, jefa del área de Neuropsicología de Fleni, explicó esta teoría al retomar diversas investigaciones vinculadas al impacto que generan los viajes en el cerebro humano.

"Dos aspectos que han ganado relevancia en la investigación científica en este sentido son la salida de la zona de confort y la práctica japonesa del "shinrin-yoku" o baño forestal. Ambos se revelan como potentes impulsores de la agilidad emocional, la flexibilidad cognitiva, la creatividad y la salud mental", indicó.

Los viajes son impulsores de la agilidad emocional.

Y agregó: "La creatividad, vinculada a la neuro plasticidad cerebral, y la salida de la zona de confort, viajando y conociendo nuevos territorios, promueven, además, la empatía al suspender el juicio superficial y alentar la apreciación de la diversidad cultural"

Viajar hacia nuevos destinos es una condición primordial que despierta experiencias y emociones nuevas que modificarán nuestro cerebro queramos o no.

Viajar modifica la forma de percibir el mundo exterior e interior.

Claudia Feler, psicóloga clínica y directora de OH! Panel, detalló: "Todos podemos percibir lo complejo que parece el mundo cuando es desconocido. Los viajes nos sacan de nuestra cómoda (no por eso placentera) rutina y nos llevan a lugares diferentes que en algunos casos nos encantan, en otros nos aterran. Nuestro cerebro tiene un objetivo claro y ancestral: que sobrevivamos". 

Asimismo, continuó: "Exponernos a estímulos nuevos como introducirnos en una nueva cultura, animarnos a hacer cosas que normalmente no haríamos, vincularnos con personas que manejan otros códigos, perdernos en calles, probar comida para nosotros "raras" entre otras situaciones posibles, modifican inevitablemente nuestro cerebro y así también la forma de percibir el mundo exterior y nuestro mundo interior".

"El desafío es exponernos a la sorpresa, a lo inesperado, a lo impredecible, nos modifica" explicó una especialista.

A su vez, hay que destacar que hay diferencias sustanciales cuando el viaje es hacia destinos nuevos donde "no controlamos" lo que va a suceder en cada paso que se dé.

"El desafío es exponernos a la sorpresa, a lo inesperado, a lo impredecible nos modifica. Algunas personas necesitan incomodarse demasiado para que la vida las sorprenda, otras conservarán ciertas rutinas conocidas y cambiarán otras. También están los que viajan siempre al mismo lugar a repetir prácticamente lo mismo que hacen en sus vidas diarias, no hay desafío para nuestras mentes ahí", explicó.

Y aclaró: "No es lo mismo buscar descansar, que buscar experimentar. Cuando hablamos de experiencias que transformen nuestros cerebros, precisamos tener una actitud abierta y curiosa por lo nuevo. Es una decisión, de esas que se toman con convicción la de planificar un viaje que nos ayude a ampliar nuestras sesgadas creencias sobre el mundo y sobre nosotros mismos".

Salud cerebral y viajar

El llamado "baño forestal" (shinrin-yoku), que es una práctica que consiste en pasar tiempo en el bosque con el objetivo de mejorar la salud cerebral y el bienestar general, también da cuentas de múltiples beneficios.

"Los shinrin-yoku, han sido estudiados por científicos japoneses como Miyazaki y Lee. Estos no solo reducen la presión arterial y las hormonas del estrés, sino que también mejoran la actividad del sistema inmunológico", afirmó Crivelli.

Viajar impacta positivamente en el funcionamiento del sistema inmunológico.

Entre las consecuencias observadas, explicó que impacta positivamente en el funcionamiento del sistema inmunológico al aumentar las killers cells, o células asesinas naturales (así llamadas porque tienen la capacidad de reconocer y destruir células anómalas o infectadas sin necesidad de una activación previa), y en los sistemas cardiovascular y respiratorio.

A su vez, se ha concluido en que hay mejoras en los trastornos del estado de ánimo y el estrés y en la relajación mental.

"La conexión con la naturaleza impacta positivamente en la regulación emocional, disminuyendo la rumia y aumentando la actividad en áreas del cerebro vinculadas con la empatía y las emociones", sintetizó Crivelli.